Nosotros, robot

Cien años después de que Karel Capek escribiera sobre las máquinas humanoides, resulta que la distopía es un problema de software.

Nosotros, robotLos robots de Capek, esclavos mecanizados que desplazan a sus amos, encontraron ecos a lo largo de la edad de oro de la ciencia ficción.

En enero de 1921, un levantamiento de máquinas que desplaza a la humanidad tal como la conocemos fue, en el mejor de los casos, una alegoría. Dramaturgo checo Karel Capek's RUR: Robots universales de Rossum introdujo el término robot, derivado de roboti, la palabra checa para siervo, y el público lo aceptó. Desde entonces, los robots han visto muchos avatares, pasando de la ciencia ficción a la realidad, de un simbolismo aterrador sobre los horrores de la automatización a la promesa de un futuro habilitado por la tecnología. Ahora, sin embargo, cuando la distopía está sobre nosotros, resulta que los robots de Capek no son los que están derribando a la civilización.

Los robots de Capek, esclavos mecanizados que desplazan a sus amos, encontraron ecos a lo largo de la edad de oro de la ciencia ficción. Las máquinas humanoides se convertirían en el monstruo de Frankenstein y nuestra caída vendría, como en una tragedia griega, de una combinación de arrogancia e ignorancia. Pero las cosas cambiaron. Después de la Segunda Guerra Mundial y el aumento del optimismo estadounidense, la tecnología se convirtió en el camino hacia la utopía, y los robots también evolucionaron: había perros robot de Japón, C-3PO y R2-D2 en Star Wars, junto con Terminator.



Hoy en día, a medida que la automatización y los algoritmos impulsados ​​por la inteligencia artificial amenazan la democracia y los derechos laborales, podría haber algunas lecciones en la obra de 1921 que articuló por primera vez el miedo a la máquina. Capek no estaba en contra de las máquinas, ni siquiera en contra de los robots que creó. Mientras fueran herramientas, eran bienvenidos. El problema es la codicia, la sobreproducción y la voluntad de abandonar el pensamiento y la interacción humana por la conveniencia de ser un cyborg digital. No son los robots, el hardware, el principal problema. Ahora es la voluntad de renunciar a la objetividad por los likes, la racionalidad por las acciones y la subcontratación de nuestras mentes a servidores llenos de unos y ceros. Resulta que la humanidad tiene un error en su software.