Rincones oscuros

La transmisión en vivo de violencia sexual plantea inquietantes preguntas que tienen que ver con la aplicación de la ley y la moral pública

Cierto tipo de patología criminal exige una audiencia: terrorismo, humillación pública, intimidación, incluso una variedad de asesinatos psicopáticos. Y desde sus inicios, Internet ha proporcionado rincones oscuros para la desviación, incluso la depravación. La democratización del video en vivo ha llevado a la realización y difusión de actividades que plantean inquietantes preguntas tanto para la aplicación de la ley como para la moral pública.



Hace unos días, una niña de 15 años fue presuntamente violada por cuatro hombres en Chicago, Estados Unidos, y transmitieron el acto a través de Facebook Live. Cuarenta personas vieron el video, pero ninguna denunció el incidente a la policía o incluso a Facebook (solo se necesitan unos pocos clics). En enero, también en Chicago, cuatro hombres fueron arrestados por tomar como rehén a un discapacitado mental y transmitir en vivo mientras lo torturaban.



Por supuesto, es injusto culpar solo a la tecnología. Jack el Destripador envió cartas a la prensa sobre sus crímenes en la década de 1880, y su notoriedad no debe nada a las redes sociales. Sin embargo, el medio de difusión puede exacerbar los patrones existentes y las fallas de violencia. El Estado Islámico ha utilizado Internet y las redes sociales para la propaganda y el reclutamiento, y los mensajes de Whatsapp y los videos de YouTube jugaron un papel importante en avivar la violencia durante los disturbios de Muzaffarnagar en 2013.

El último incidente en Chicago destaca la necesidad de que las fuerzas del orden estén alerta cuando se trata de la difusión de contenido criminal. También apunta a la necesidad de que gigantes tecnológicos como Facebook (que es dueño de WhatsApp) y Google tengan filtros más grandes. La grabación y el intercambio de momentos y pensamientos, mundanos y espectaculares, es de lo que se tratan las redes sociales.



Sin embargo, no debe comenzar a normalizar el comportamiento delictivo. El hecho de que ninguna de las 40 personas que vieron el gangrape de una niña de 15 años pensó en denunciar el incidente muestra una especie de voyerismo que es, con suerte, una aberración y no una consecuencia duradera del cambio que ha tenido internet. traído a la sociedad.