Todos saluden teixobactina

Después de casi 30 años, la mejor noticia en la ciencia médica es el descubrimiento de un nuevo antibiótico.

Desde hace un tiempo, el espectro de un mundo postantibiótico les ha parecido ominoso e inminente para quienes se encuentran en la primera línea de la atención médica. Nada los alegraría más, por lo tanto, que el descubrimiento de la teixobactina por científicos en Estados Unidos esta semana. En los últimos 30 años, los insectos han tenido la ventaja en la batalla entre las bacterias y los medicamentos que amenazan la vida. No se descubrió ningún antibiótico nuevo en estas tres décadas. Pero el uso indiscriminado de medicamentos existentes ha provocado una resistencia generalizada en muchas bacterias. Los insectos se han convertido en superbacterias, mientras que el arsenal de los cazadores de insectos se ha ido agotando constantemente. Eso es cierto en todos los países, pero especialmente en la India, donde el tratamiento de la tuberculosis ha alcanzado niveles de crisis.

Los antibióticos son sustancias químicas extraídas de bacterias. Nos son útiles porque pueden eliminar otras bacterias. La mayoría de ellos se encuentran en la sustancia más común: el suelo. Pero solo el 1 por ciento de ellos se puede extraer y hacer el viaje desde la capa superficial del suelo hasta el laboratorio y los estantes de la farmacia. La teixobactina ofrece esperanzas por un par de razones: debido a que lanza un ataque multicelular contra las bacterias, podría pasar algún tiempo antes de que se desarrolle la resistencia. En segundo lugar, el equipo de la Northeastern University de Boston ha encontrado un método para cultivar antibióticos en su entorno natural. Enterraron un chip, cada una de sus cien cámaras infiltradas por bacterias, en su patio trasero. Nació una profusión de microorganismos y las sustancias químicas que producen se analizaron en busca de propiedades antibióticas.



Una capa de hongos que crecía sobre un petridish de bacterias había llevado a Alexander Fleming al descubrimiento de la penicilina en 1928. Incluso en su discurso del Nobel, había advertido contra la resistencia. Ese peligro persiste, con el potencial de retrasar la ciencia médica en décadas, cuando un corte en un dedo podría ser una lesión mortal. Teixobactina o no, ese es un apocalipsis de salud pública que debe combatirse.